Colecho y entrenamiento de sueño, ¿son compatibles?

Lo entiendo. Realmente lo hago.  Después de todo, yo también soy mamá.

El primer impulso que tenemos cuando nos convertimos en mamá es que queremos estar con nuestro bebé las 24 horas al día, los 7 días   de la semana, los 365 días al año, es un vínculo tan fuerte que simplemente no queremos separarnos.  Es un sentimiento incontrolable, algo preocupante algunas veces, algo que está metido en nuestro ADN. Estoy segura que tiene que ver con los instintos de protección de nuestra especie, pero para mí es simplemente amor en su más pura expresión. Además parece que al bebé no le importa, y es algo tan hermoso, tan maternal y tan tierno dormir alado de tu bebé que parecería una locura no hacerlo.

Al menos eso es lo que algunas sentimos durante las primeras semanas de colecho.  Después nos pasa algo raro, y le decimos “oye, yo te amo, tú me amas, eso es un hecho. Pero no puedo dormir con alguien que no está al tanto sobre las normas de dormir alado de alguien. Y darme una cachetada o meterme el dedo en el ojo a las 3am, es algo que simplemente no está permitido”.

Tengo algunos amigos que hacen colecho con sus hijos.  Algunos incluso duermen con más de un hijo en su cama. Bien por ellos, ¡si disfrutan y lo hacen de manera segura, que lo sigan haciendo!

Pero, he hablado con muchas parejas que son pro colecho y se siguen despertando varias veces en la noche sea por manotazos, patadas, cabezazos, dedos en sus ojos o porque sus bebés se despiertan 15 veces a comer. La gran pregunta que normalmente me hacen es si hacer un entrenamiento de sueño va a corregir ese comportamiento. Y para que sepan, la mayoría de bebés de seis meses no necesitan comer en la noche, menos aún los bebés de un año y más!

Me encantaría poder tener una mejor respuesta para esos papas, porque, como suelo decir, les compadezco. Entiendo que quieran vivir en harmonía bajo esos dos escenarios como: dormir alado de sus hijos sin que les despierten repetidamente durante la noche.   Eso sería mágico, sin lugar a duda.

Desafortunadamente, que pase esto no es muy probable por algunas razones. Primero los niños pequeños son dormilones  movedizos y muy activos. Es un simple hecho. Se mueven, se dan la vuelta y se vuelven a dar la vuelta miles de veces en las noches y muy seguido terminan completamente dados la vuelta en su cama, con los pies en la cabecera.

Segundo, tu bebé piensa que eres lo mejor del mundo y de hecho eres lo mejor de su mundo.  Por eso cuando se despiertan en medio de la noche, se emocionan.  Quiere interactuar contigo y que tu respondas de la misma manera, y como todavía no están muy al tanto de las normas básicas de la sociedad, no saben lo suficiente como para poner una mano en tu hombro y susurrar dulcemente “estás despierta?”.  Así que lo hacen de una forma un poco más grotesca, metiendo su dedo en tu oreja, jalándote el pelo o dándote una palmada en la frente.  ¡No es muy cortés pero es muy efectivo!

Entonces, por qué el entrenamiento de sueño no puede aliviar esto? En pocas palabras, porque no es un sedante. El entrenamiento de sueño consiste en enseñarle a tu bebé la habilidad de volver a conciliar el sueño cuando se despierta en la noche. Esto por decirlo de una forma rápida y sencilla, pero en esencia eso es lo que hacemos, ayudar a tu bebé a desarrollar hábitos de sueño independiente. No hacemos nada que haga que tu bebé entre en sueño profundo y permanezca ahí toda la noche. Ese trabajo solo lo podría hacer un sedante, obviamente no exploramos esa opción.

Si bien, es posible tener algo de éxito enseñándole a tu hijo a desarrollar  habilidades de sueño independiente, es probable que no veas el mismo tipo  de resultados que si tu bebé duerme en su propia cuna, en su cuarto (si tiene más de un año) sin distracciones.

Para algunos de ustedes que no están dispuestos a renunciar a esos mágicos abrazos en su cama, tengo una sugerencia que ha ayudado a mi familia y a muchas otras con las que he trabajado.  Reserva 15 – 20 minutos cada mañana, después de que tus hijos han dormido toda la noche y están bien descansados, tráelos a tu cama.  Abrázales, juega con ellos, canten algunas canciones, hagan guerra de almohadas o cualquier cosa que les dé ganas. Todos pueden seguir disfrutando de la cercanía y el vínculo familiar que conlleva compartir tiempo en la cama sin crear ningún tipo de asociación para dormir que puede perjudicar su habilidad de dormir por la noche y sin despertarse mutuamente.

Si ya llevas bastante tiempo haciendo colecho con tu hijo y has decidido que es momento de recuperar tu cama, pero tu pequeño tiene otras ideas.  No dudes en ponerte en contacto conmigo. He ayudado a familias en este mismo escenario con mucho éxito y podría ayudar a tu familia también.

Dulces sueños,

Paula